El Movimiento en el Arte

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Definición física del movimiento

      En mecánica el movimiento es un fenómeno físico que se define como todo cambio de posición que experimentan los cuerpos de un sistema, o conjunto, en el espacio con respecto a ellos mismos o con arreglo a otro cuerpo que sirve de referencia. Todo cuerpo en movimiento describe una trayectoria. Las partes encargadas de su estudio son la cinemática y la dinámica.

      La cinemática es la parte de la física que estudia las leyes del movimiento de los cuerpos sin tener en cuenta las causas que lo producen, limitándose, esencialmente, al estudio de la trayectoria en función del tiempo. Se utiliza un sistema de coordenadas para describir las trayectorias y se le llama sistema de referencia. La velocidad es el ritmo con que cambia la posición. La aceleración es el ritmo con que cambia la velocidad. La velocidad y la aceleración son las dos principales cantidades que describen cómo cambia la posición en función del tiempo.

      La dinámica es la parte de la física que describe la evolución en el tiempo de un sistema físico en relación a las causas que provocan los cambios de estado físico y estado de movimiento. El objetivo de la dinámica es describir los factores capaces de producir alteraciones de un sistema físico, cuantificarlos y plantear ecuaciones de movimiento o ecuaciones de evolución para dicho sistema.

La percepción del movimiento

      El principal sentido con el que captamos el movimiento es el de la vista, por supuesto, pero no es el único, el viento se mueve y no lo vemos, lo notamos por el oído, lo sentimos en nuestra piel, asimismo con el tacto nos damos cuenta de si un objeto se mueve o esta quieto, incluso el olfato participa en el movimiento de los olores por el aire.

      Un objeto en movimiento es la incitación visual más fuerte a la atención. Un perro o un gato que están reposando tranquilamente, indiferentes a su entorno, volverán sus ojos con atención hacia algo que se mueva cerca de ellos, es la respuesta automática al movimiento. En los seres humanos, el movimiento despierta una atracción semejante, basta recordar la eficacia de la publicidad móvil, ya se trate de los anuncios luminosos intermitentes o de los de televisión. Es mucho más atractivo todo lo que sean representaciones en movimiento, frente a la fotografía, la pintura, la escultura o la arquitectura inmóviles.

      Es comprensible que en el animal y en el hombre se haya desarrollado una respuesta fuerte y automática al movimiento.

      La reacción, una vez detectado el movimiento, puede ser, por la presencia de una presa deseable, peligro, miedo o asco, como por ejemplo la aparición repentina de numerosos insectos a nuestra vista. Los movimientos bruscos nos asustan nos molestan, los lentos nos calman (a los niños se les mece para que duerman).

      Si pasamos la mirada por un lugar despejado rápidamente veremos cualquier cosa en movimiento, un coche un animal o una persona.

      ¿Cuándo vemos el movimiento? ¿En que condiciones se percibe el movimiento? Una oruga se arrastra en mitad de la calle: ¿Por qué la vemos en movimiento y la calle en reposo, en lugar de ver el paisaje entero, incluidos nosotros mismos, desplazado en la dirección contraria, con solo la oruga fija en un mismo sitio? Para explicar este fenómeno no basta el aprendizaje o el conocimiento, porque a pesar de saber lo contrario, vemos moverse en el cielo el sol y la luna hacerlo entre las nubes.

      Sentados en una mecedora, nos sentimos en movimiento y la habitación quieta. Pero cuando en un experimento se hace girar toda la habitación, como da vueltas un barril y la silla del observador permanece completamente quieta, la sensación deque la silla esta girando es tan poderosa que el observador se cae si no está sentado, y ello a pesar de que sus sensaciones cinestésicas le indiques el verdadero estado de las cosas.

      Al menos unos cuantos elementos de esta complicada situación se esclarecerán si observamos que la experiencia visual del movimiento puede ser debida a tres factores: movimiento físico, movimiento óptico y movimiento perceptual. A ellos tenemos que añadir los factores cinestésicos, que por sí solos pueden producir la sensación de movimiento en determinadas condiciones, por ejemplo en el vértigo.

      Al caminar por una habitación, hacemos que todo se mueva hacia nosotros, es el movimiento óptico, primero veremos la habitación en general, después una mesa, luego una maceta, flores. Ante un cuadro, observando lo que ocurre en el interior de nuestros ojos, cada vez que variamos el punto de fijación con la mirada, el cuadro entero se mueve dentro de nosotros.

      Duncker y Erika Oppenheimer han establecido unos factores que producen movimiento, la cerrazón es uno de ellos. La figura tiende a moverse mientras el fondo permanece quieto. La variabilidad es otro: si un objeto cambia de tamaño y forma y el otro permanece constante, por ejemplo una línea saliendo de un cuadrado, el objeto variable toma sobre si el movimiento. El observador ve la línea apartándose del cuadrado, no el cuadrado apartándose de la línea inmóvil. La diferencia de tamaño es eficaz en el caso de objetos contiguos: cuando dos objetos están próximos entre si, lado a lado o en superposición, el más pequeño es el que asume el movimiento. También la intensidad desempeña un papel: dado que el objeto más apagado se ve como dependiente del más luminoso, es el primero el que se mueve cuando hay un desplazamiento, quedando quieto el segundo.

      El propio observador actúa como marco de referencia. Cuando desde lo alto de un puente contemplamos el agua que pasa, nuestra percepción es correcta y fijamos nuestra atención simplemente en el recorrido del agua pero si al mismo tiempo que contemplamos el agua vemos parte del puente sobre el que estamos nos produce una sensación de vértigo ya que creemos que es el puente mismo el que se mueve.

      Duncker estudia este fenómeno señalando que este objeto es en el que se fija la vista asumiendo el carácter de figura, mientras que el resto de campo tiende a hacer de fondo.

       Cuando el fondo es el que se mueve y la figura permanece quieta, como por ejemplo la roca de un río o una persona que permaneciera quieta en medio de otras que caminasen a su alrededor, parecerían estar en otra dimensión, detenidas, petrificadas.

       El cine nos puede transmitir ciertos conceptos diferentes sobre el movimiento. La imagen tomada con una cámara pasando a lo largo de una calle o pasadizo es muy distinta a la que sentimos al pasar por esa calle nosotros mismos, en el caso de la cámara nos da la sensación de ser la calle la que se mueve a nuestro alrededor.

       La película da ocasión a realizar trucos se puede hacer que las cosas aparezcan y desaparezcan, cortando fotogramas nos da la sensación de continuidad de movimiento simulando una acción mucho mas rápida de lo que en realidad es. Si en la toma de una persona caminando hacia delante o hacia detrás cortamos los fotogramas del cambio veremos a la persona girándose instantáneamente o incluso transformándose en otra persona.

       Otros aspectos específicos del movimiento, como por ejemplo la dirección y la velocidad, los percibimos según las condiciones reinantes en nuestro campo visual. En determinadas circunstancias, como por ejemplo el ir en un automóvil, hacen que cambien nuestros sentidos. Observando desde la ventanilla de un coche en marcha vemos como matorrales y árboles avanzan hacia nosotros, mientras que nosotros parece que permanecemos parados. Lo mismo ocurría en el río con el puente. Si algo se interpone entre el vehículo y paisaje como por ejemplo una mano que nos hace señas por la ventanilla delantera, volvemos a tomar consciencia de que somos nosotros los que nos desplazamos y no el entorno.

       Otro factor que influye aparte de la velocidad es el estado del sitio por el que transitamos, por una carretera lisa, el paisaje pasa suavemente ante nuestra vista, por el contrario en una carretera en mal estado los árboles pasan de manera brusca y temblorosa. Si adelantamos a un vehículo más lento y miramos hacia atrás, la impresión que nos causa es de que se aleja de nosotros en dirección contraria.

      Una línea vertical y una horizontal hacen ver al observador un movimiento de caída de arriba hacia abajo. Erika Oppenheimer proyectaba dos líneas luminosas y las desplazaba la vertical a la derecha y la horizontal hacia arriba, sin embargo sus observadores veían la vertical puesta hacia abajo y la horizontal hacia la izquierda.

       Todos los movimientos son perceptibles dentro de un grado de velocidad, no percibimos ni los muy rápidos ni los muy lentos. El sol y la luna parecen quietos en el espacio. En un ventilador no vemos el giro de las aspas, el crecimiento de la hierva realiza un movimiento imperceptible a nuestros ojos, mirando un reloj vemos el movimiento del segundero no así el del minutero, de una motocicleta que pasa delante de nosotros a cuarenta kilómetros hora percibimos todos sus detalles cuando multiplica por cuatro su velocidad vemos claramente como se acerca pero al pasar no distinguimos prácticamente nada.

      Otro factor que influye en la percepción del movimiento es la distancia al objeto móvil. Si un avión pasa muy cerca de nosotros no veremos casi nada, si lo vemos en el cielo, a cierta distancia, parecerá que flota en el aire y apenas percibiremos su movimiento aunque su velocidad sea de mil kilómetros hora.

      Evidentemente, la velocidad de cambio a que corresponden nuestros órganos sensoriales ha sido acoplada en el transcurso de la evolución a la de la clase de acontecimiento cuya observación nos resulta vital. Es biológicamente esencial que veamos a personas y animales desplazarse de un lugar a otro, pero no nos hace falta ver crecer una planta.

       Los animales que llevan una vida lenta, verán las cosas moverse a mayor velocidad que nosotros. El tráfico de una gran ciudad parece más veloz cuando se vuelve de pasar cierto tiempo en el campo. También la música y la danza establecen niveles de adaptación para la velocidad: un movimiento suena o parece rápido cuando de presenta dentro de un contexto lento, y viceversa. Algunos experimentos parecen indicar que la velocidad de los procesos químicos del organismo pueden influir en la percepción del tiempo. Con los diferentes cambios de temperatura corporal, frío o calor, nos volvemos más rápidos o más lentos en nuestras acciones. Nuestro reloj químico a lo largo de la vida pudiera explicar ese hecho tan conocido de que, conforme se va envejeciendo, los años parecen pasar más deprisa. Parece dudoso, sin embargo, que sean factores químicos más que psicológicos los causantes de este fenómeno.

      El cine ha ampliado no solo nuestro conocimiento, sino también nuestra experiencia de la vida, al permitirnos ver movimientos que de otro modo serian demasiado rápidos o demasiado lentos para nuestra percepción. Si la velocidad de filmación es menor que la de proyección, por ejemplo si solo se filma un cuadro por hora, la acción observable en la pantalla se acelera y podemos llegar a ver lo que de otro modo solo podríamos reconstruir intelectualmente. Si, en cambio, la película pasa por la cámara a gran velocidad, el público puede ver como una gota de leche rebota en una superficie formando una hermosa corona blanca, o como una bala va rompiendo lentamente una lamina de madera.

      En particular, la aceleración del movimiento natural nos ha sorprendido al revelar a la vista una unidad del mundo orgánico de la que, a lo sumo, solo teníamos un conocimiento teórico. La posibilidad de ver crecer y morir una planta en un minuto ha servido para algo más que para hacer meramente observable ese proceso.  La actividad de una planta trepadora no se aparece meramente como un desplazamiento en el espacio: vemos como la viña busca, palpa, se estira y al fin se apodera de un apoyo adecuado, exactamente con la clase de movimiento generalmente indicativo de ansiedad, deseo y consecución feliz. Los brotes cubiertos por una placa de vidrio apartan el obstáculo mediante una acción que no se parece al trabajo mecánico de las máquinas. Hay una lucha, un esfuerzo que son propios de los animales. Estas características se dan incluso a nivel microscópico.

      Erika Oppenheimer investigó el llamado efecto la identidad del movimiento. Este se mantiene en nuestra vista y cuando un móvil desaparece detrás de una pantalla, nosotros seguimos ese movimiento invisible y mantenemos su velocidad hasta que el objeto vuelve a aparecer al otro lado del obstáculo. Si el objeto que entra es distinto al que sale o no lo notamos o creemos que se ha transformado.

      La continuidad del movimiento podemos apreciarla golpeando una bola contra una fila de estas. Esta golpea a la primera, las del centro quedan inmóviles y la última sale despedida. A nosotros nos parecerá que la bola atravesó la fila de bolas y continuo su movimiento por el extremo opuesto.

El movimiento en el arte

      En todas las obras de arte esta representado el movimiento de una manera u otra la escultura es en si un movimiento puro, toda su estructura y ángulos lo sugieren.

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La formas nos llevan a movimientos circulares

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Las patas de la araña dan sensación de movimiento

      Los cómics son un típico ejemplo de movimiento secuencial pasando la mirada de viñeta en viñeta vamos formando una historia, además los comics son el único medio en el que el movimiento esta representado gráficamente, corriendo, saltado, moviendo la cabeza, vemos que los personajes recorren un espacio determinado y ese movimiento queda registrado en los dibujos por medio de rayas o pequeños arcos.

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     Mortadelo y Filemón

      Todos y cada uno de los movimientos están registrados gráficamente en esta viñeta: los golpes repetidos que Filemón da con su puño en la mano, el codo que sube y baja, los pies de Mortadelo levantados, los giros que da con su guante de boxeo, el caco que huye y marca todo su recorrido, incluso vemos el camino que ha seguido el marcianito desde su nave espacial a la esquina.

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Supermán

            Toda la dinámica del movimiento representada en forma de chispas eléctricas

      En obras con multitud de objetos y animales de forma desordenada y sin unidad, como en los modernos collage, tienen el fenómeno visual de disociación. Cada espectador organizara en su mente la composición y le dará una interpretación personal.

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Collage – Richard Hamilton

      En la pintura moderna el movimiento lo hará la composición y el color, las líneas que chorrean o se entremezclan, producen por medio de efectos ópticos vibraciones o destellos.

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María Gamel

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   Jackson Pollock

    Otros que representan círculos concéntricos o ruedas, al acercarnos o alejarnos producen un movimiento real, vemos como las ruedas giran a izquierda o derecha, también existen imágenes a tres manchas busca mediante el psicoanálisis en lo mas profundo de nuestros gustos o aversiones.

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Efecto óptico de movimiento

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Movimiento óptico

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El Jardín de las Delicias

 El Bosco. 1480-90 Óleo sobre tabla 220 cm x 195 (Panel central). Museo del Prado de Madrid.

         Como ejemplo práctico, a continuación estudiaremos el movimiento en esta obra tan sugerente de El Bosco.

      El jardín de las delicias de El Bosco, debe su nombre al cúmulo de desvaríos visuales que se describen en sus paneles, es la obra mas original del estilo flamenco, se trata de un tríptico en el que se representa en su ala izquierda la creación, con Adán y Eva en el paraíso, en su ala derecha el reino infernal, con el demonio y seres fantásticos y en el centro la vida en la tierra. La humanidad conducida por los infinitos pecados simbolizados por los animales gira en torno a un estanque con mujeres en relación con la lujuria y concupiscencia el desorden y lo absurdo frente al orden y racionalismo del mundo divino. Prodigo en formar las más extrañas composiciones constituidas por monstruos y animales entremezclados con humanos, son las alegorías y los castigos infernales. El Bosco sigue un pensamiento propio de la edad media representando la vida cristiana bajo el afecto del placer terrestre y el del espiritual y divino. Su propósito es aleccionar y moralizar, la obra hay que observarla con paciencia y detenimiento, cada rincón cada detalle forma una pequeña historia, diminutos cuadros que van componiendo la trama de una obra final, con un desenlace diferente según el comportamiento, premio o castigo.

Historia del tríptico

      Como el resto de las obras de El Bosco, carece de datación unánime entre los especialistas y es donde más enfrentadas están las posiciones, pues mientras unos la consideran juvenil, otros dicen que es obra de madurez. Baldass y otros la sitúan en la época juvenil de El Bosco (1485). Cinotti la sitúa en torno al año 1503. Otras fuentes hablan de hacia 1510. Tolnay y Larsen la sitúan al final de la actividad del Bosco (1514 1515). Los análisis químicos hablan de después de 1466. En el catálogo de la exposición sobre el artista celebrada en Róterdam en el año 2001 se señala la fecha entre 1480 y 1490.

      A partir de Gibson y hasta la actualidad se ha conjeturado que se realizó para Enrique III de Nassau. Los primeros poseedores de la obra fueron, pues, los miembros de la casa de Nassau, en cuyo palacio de Bruselas pudo ver el cuadro el primer biógrafo de El Bosco, Antonio de Beatis, personaje que viajaba en el séquito del cardenal de Aragón, en el año 1517.

      Fue heredado por su hijo René de Châlon y después por el sobrino de Enrique, Guillermo de Orange, líder de la rebelión holandesa contra la corona de los Habsburgo. Fue confiscado por el duque de Alba, incluyéndose en el inventario redactado con tal motivo el 20 de enero de 1568. El duque dejó los cuadros a don Fernando, su hijo natural y prior de la orden de San Juan.

      Comprada por Felipe II en la subasta de los bienes de don Fernando, y enviada al monasterio de El Escorial el 8 de julio de 1593. Se colocó en el dormitorio del rey, donde estuvo hasta su muerte. Es la pintura más famosa de la colección de nueve de Hieronymus Bosch que Felipe II reunió en El Escorial.

      Al principio al cuadro se le denomina Una pintura sobre la variedad del mundo. Luego, el Cuadro de las fresas, denominación que se debe al monje del Escorial José de Sigüenza, el primer crítico de la obra. Poleró, que propone en 1912 una catalogación de las obras del Museo del Prado, denomina al tríptico De los deleites carnales. De ahí arranca su denominación actual de Jardín de las delicias o De las delicias terrenales. Fue trasladado al Museo del Prado en el año 1936 para su protección debido a la Guerra civil española. Después de la guerra, por deseo de Franco entró a formar parte de las colecciones del Prado.

      El cuadro cerrado en su parte exterior alude al tercer día de la creación del mundo. Se representa un globo terráqueo, con la Tierra dentro de una esfera transparente, símbolo, de la fragilidad del universo. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas. Está pintado en tonos grises, blanco y negro, lo que se corresponde a un mundo sin el Sol ni la Luna aunque también es una forma de conseguir un dramático contraste con el colorido interior, entre un mundo antes del hombre y otro poblado por infinidad de seres.

      Tradicionalmente, la imagen que muestra el tríptico cerrado se ha interpretado como el tercer día de la creación. El número tres era considerado un número completo, perfecto, ya que en sí mismo encierra el principio y el fin. Y aquí al cerrarse, se transforma, en el número uno, en el círculo, de nuevo nos permite vislumbrar la perfección absoluta y, quizá, a la trinidad divina. En la esquina superior izquierda, aparece una pequeña imagen de Dios, con una tiara y la Biblia sobre las rodillas. En la parte superior se puede leer la frase, extraída del salmo 33 «Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado». Otros interpretan que pudiera representar la Tierra tras el diluvio.

       Al abrirse, el tríptico presenta, en el panel izquierdo, una imagen del paraíso donde se representa el último día de la creación, con Eva y Adán, y en el panel central se representa la locura desatada: la lujuria. En esta tabla central se descubren todo tipo de placeres carnales, que son la prueba de que el hombre había perdido la gracia. Por último tenemos la tabla de la derecha donde se representa la condena en el infierno, en ella el pintor nos muestra un escenario apoteósico y cruel en el que el ser humano es condenado por su pecado.

El movimiento en el tríptico

      Nos acercamos al tríptico y lo mismo que ocurría cuando viajábamos en el automóvil, vemos como la obra se acerca a nosotros, es el movimiento óptico, es un tríptico grande, impresiona su tamaño, su colorido y las numerosas figuras representadas en él. Nuestra vista si fija en la parte central, es la que mas destaca por tamaño e iluminación, las hojas laterales quedan discretamente al margen, semiabiertas y en penumbra. Las dos hojas de cierre, la creación del mundo, ocultas en la parte trasera, apenas pueden verse.

       Una vez situados en el panel central, llama la atención la parte baja con grupos de personas y animales que nos cuentan diferentes historias, es un movimiento secuencial.

      Un falso paraíso en el que la humanidad ha sucumbido en pleno al pecado, a la lujuria, a la locura y se dirige a su perdición. Hay hombres y mujeres desnudos que muestran todo tipo de relaciones sexuales, rodeados por extrañas plantas, minerales, conchas, frutas, con una clara alusión a los placeres sexuales y que simbolizan la fugacidad de dichos placeres, pasando en unos días a la putrefacción.

lujuria plantas y frutas

 La lujuria

        Extrañas estructuras, similares a pompas, aprisionan y oprimen a los personajes, otras similares a matraces o alambiques quizá estén relacionados con el mundo de la alquimia.

matraces

     Extraños habitáculos

       Abajo y a la derecha aparece el único hombre vestido de todo el cuadro, nos mira estableciendo una relación con el espectador, algunos piensan que pudiera tratarse de Adán. Señala a una mujer tumbada quizá Eva, la mujer que trajo el pecado al mundo.

      Otro grupo, en el que se encuentra un hombre negro, señala la tabla del paraíso y en especial a Eva de nuevo, acusan a la mujer como responsable de todos los males.

hombre vestido y negro

   Único hombre vestido y hombre negro

        Se aprecia un universo de felicidad y placer sin dolor, enfermedad ni muerte, no hay niños ni ancianos, tampoco se ve a nadie trabajando para ganarse el sustento. Es una humanidad diversa que se alimenta de los frutos de la tierra y se organiza en estructuras naturales. W. Fraenger da una tesis en la que se trataría de los hijos de Adán en el paraíso, si no hubiera habido pecado.

      Un poco más arriba a la izquierda unos pájaros gigantes, símbolos eróticos en relación a la lascivia.

aves gigantes

     Aves gigantescas

      Poco a poco la vista nos lleva hacia arriba, donde encontramos una serie de estanques que no son limpios, sino focos de concupiscencia, fuente y origen de todos los males que refleja la obra. En esa época referirse al baño aludía a Venus y al amor carnal. Hay un movimiento circular entorno a uno de estos estanques, cuya forma queda subrayada por un cortejo de jinetes, compuesto casi exclusivamente por hombres desnudos montados en animales variados, reales y fantásticos, como leopardos, panteras, leones, osos, grifos (de los bestiarios medievales), todos símbolos de lujuria.

estanque pequeño

Pequeño lago rodeado por jinetes 

      El estanque alrededor del cual giran, podría representar la fuente de la eterna juventud o quizá sean las aguas donde los hombres bañan y limpian sus pecados. También se piensa pudiera ser el estanque del adulterio, en el que, mientras los hombres cabalgan en circulo alrededor, las mujeres se bañan y llevan tocados de cuervos, pavos, ibis, símbolos de incredulidad, vanidad, etc. Es un mundo al revés en el que choca las dimensiones de los animales y plantas, donde aparecen animales y personas en posiciones invertidas, unos hombres llevan colgando una especie de mono en un palo pero este en vez de ir suspendido aparece boca arriba, desafiando las leyes de la gravedad. Es un falso Paraíso en el que todo lo que en él se representa no es lo que parece.

      Destaca en la obra la indiferencia sexual. Apenas distinguimos a los hombres de las mujeres. Podría ser que el Bosco buscara así querer mostrar que toda la humanidad estaba implicada en el pecado.

      En la parte alta, otro estanque en el que flota un enorme globo azulado, utilizado para realizar acrobacias lascivas por parte de extraños personajes y hay un río dividido en cuatro ramales, sería el laberinto de la voluptuosidad y los cuatro ríos del Paraíso. A sus cuatro lados unas colinas con forma de torres y excéntricas construcciones vegetales y minerales. Todo ello nos lleva hacia lo alto donde unos seres alados y numerosas aves nos transportan a lo lejos, al cielo.

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Lago con extrañas esferas y criaturas volando por el cielo

      Una vez terminada la observación de la parte central, nuestra vista se moverá a la izquierda o a la derecha, según las preferencias del observador, en este caso destaca más la de la derecha, mas simple y con un colorido mucho mas llamativo. En ella en primer lugar aparece la figura de Dios Padre en el momento de la creación de la mujer, Adán a la izquierda, sentado la mira. A sus pies un pequeño estanque del que salen y corretean numerosos animalillos, a primera vista parece el típico Paraíso pero hay signos de inquietud, animales enfrentados unos con otros, un ave devora una rana, otro animal es perseguido por un jabalí, un león derriba a un ciervo. Animales reales pero exóticos y desconocidos en la época, son casi todos africanos.

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La Creación de Adán y Eva

       A izquierda y derecha según subimos la vista aparecen el árbol del bien y del mal, en el que se enrolla la serpiente tentadora y el árbol de la vida, preludio de lo que ocurrirá mas tarde en el panel central.

      Los animalillos que se arrastran por la tierra, insectos, reptiles, o los que nadan por el agua, anfibios y peces, representan el pecado femenino, tierra y agua eran consideradas como las esencias pasivas llenas de fecundidad, como la mujer y las alimañas que vuelan, insectos aves, murciélagos, representan el pecado masculino, el aire es un elemento activo, asociado al fuego y opuesto a la tierra, por tanto masculino.

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     El Paraíso con exóticos animales

      Un poco mas arriba aparece el demonio escondido entre el agua y las rocas, elementos que para el Bosco son malignos, en el centro del estanque hay una formación con un hueco por el que asoma una lechuza, símbolo de la malicia. El rostro del demonio formado por elementos de la naturaleza, es muy semejante a los que realizará mas tarde Dalí en su pintura surrealista.

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Pareidolia. El Demonio escondido en el Paraíso

      Los extraños contornos de los montes rocosos del fondo, indican una posible perturbación de la pacifica convivencia en el Edén.

      Terminamos en recorrido en esos montes de los que surge una gran formación de aves que en movimiento ondulatorio nos llevan a lo más alto.

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     Extraño paisaje en el que unas aves nos llevan hasta el cielo

       Por último panel derecho el infierno, oscuro, depresivo, complejo, una tabla muy sombría en relación con el colorido de las otras dos. Es el castigo, los innumerables tormentos a los que será sometida la humanidad por sus pecados. Infierno musical por las representaciones de instrumentos de música que aparecen.

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     El Infierno Musical con el Diablo con cabeza de ave

      No se sabe el motivo por el que el Bosco asocia la música con el pecado. Los instrumentos se transforman en maquinas de tortura. En la esquina un hombre abraza a un cerdo que cubre su cabeza con una especie de toca religiosa.

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     Hombre con acompañado por un cerdo con toca

      Encima de los instrumentos un gran hombre-árbol que mira al espectador, se ha interpretado, en numerosas ocasiones, como el rostro del propio artista, sobre su cabeza un disco en el que bailan pequeños monstruos. Sus brazos son como troncos del árbol y descansan sobre unas barcas. Su tórax esta abierto y hueco y en su interior hay mas seres.

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Hombre-Árbol posible autorretrato de El Bosco

      Debajo de él hay un lago helado sobre el que patinan algunos condenados, uno de ellos se hunde en el hielo resquebrajado. En esta época se consideraba un tormento del infierno el contraste entre el frío y el calor. El personaje con cabeza de ave rapaz sentado en un retrete pudiera ser Satanás devorando a los condenados y defecándolos en un pozo negro en el que otros personajes vomitan o excrementan monedas.

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   El Lago Helado

       En el nivel superior la típica escena del infierno en llamas y torturas, es realmente la imagen de una ciudad ardiendo. El cuchillo unido a las dos orejas se ha identificado como un genital masculino y la especie de gaita del hombre-árbol podría ser un elemento homosexual o quizá masculino. Por último humo chispas y llamas nos transportan a lo más alto.

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     El Infierno en llamas

      La parte de las cubiertas, en el museo no pueden verse, por estar demasiado pegadas a la pared.

      La creación. Alude al tercer día de la creación del mundo. El número tres era considerado un número completo, perfecto, ya que en sí mismo encierra el principio y el fin. La obra al cerrarse se transforma en el numero uno en el circulo, de nuevo la perfección, o quizá la Trinidad Es un globo terráqueo con la tierra dentro de una esfera transparente, símbolo de la fragilidad del universo. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay personas ni animales. Pintado con tonos grises, blanco y negro, corresponde a un mundo sin sol ni luna. El reflejo de la izquierda pudiera ser el arco iris por lo que algunos piensan que podría tratarse del mundo después del diluvio. Arriba a la izquierda una pequeña imagen de Dios, con una tiara y la Biblia entre sus rodillas.

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   Parte trasera y tapas del tríptico

       Cada panel, en general, describe un movimiento de ascensión, comienza en el suelo y de la mano de aves, seres que vuelan o extrañas formaciones, nos hacen elevar los ojos hacia el cielo.

Mariano Roda Elpincelconlienzo.com

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